domingo, 9 de octubre de 2022

Modelo Pedagógico Ignaciano

 

SU OBJETIVO 

La Pedagogía Ignaciana es profundamente humana y consecuentemente universal. Su objetivo supremo es enseñar y aprender a amar, para integrarnos plenamente y construir en este mundo el amor fraterno, la justicia y la paz. Con los siglos, se ha enriquecido por la experiencia de los centros educativos de la Compañía de Jesús. Actualmente, los dos mil colegios y las más de trescientas universidades de los jesuitas en todo el mundo tienen de común la espiritualidad y la pedagogía ignaciana, no en todos con la misma intensidad, pero sí en todos con muchos rasgos comunes.

La validez de su objetivo, principios y métodos se ha visto confirmada desde las perspectivas pedagógicas constructivistas, humanistas, socio-críticas, de la neuro-fisiología y de la educación popular, entre otras. Para quienes deseen profundizar sobre este tema, recomendamos el ensayo del P. Jesús Montero Tirado S.J.: "Enseñar y aprender a Amar. Objetivo supremo de la Pedagogía Ignaciana" (2021)

Las propuestas de la pedagogía ignaciana son fuente para inspirar y dinamizar procesos educativos transformadores. Incluso quienes no comparten la fe cristiana pueden hallar en ella respuestas válidas para mejorar la calidad de la educación.

SU FUNDAMENTO


Pedagogía Ignaciana y Pedagogía Jesuítica  

La “Pedagogía Ignaciana” no se identifica exactamente con “Pedagogía Jesuítica”. En lo jesuítico se sobreentiende la inspiración ignaciana, mientras que lo ignaciano no siempre comporta una vinculación con la Compañía. La "Ratio Studiorum" constituyó un verdadero sistema, el primero en su género de carácter mundial. Muchos elementos de aquella pedagogía han pasado a ser patrimonio de la pedagogía universal. Por su parte, los jesuitas han tenido también que ir incorporando a su práctica pedagógica elementos de otras corrientes. No obstante, sí se puede hablar de “Pedagogía Ignaciana” (PI). A pesar de sus puntos de coincidencia con otras pedagogías, lo que diferencia a la PI es la particular visión o concepción que Ignacio tiene de Dios, del ser humano y del mundo. Algunos de los elementos considerados típicos de la PI, la excelencia, la atención a la persona… pueden encontrarse en el “mercado común” de la educación. Lo que confiere a estos y a otros elementos un sello específico es la inspiración ignaciana que brota de los Ejercicios, de la "Parte IV de las Constituciones" y de la vida toda de Ignacio. Se podría describir la PI como el “modo nuestro de proceder” en educación.

Algunos investigadores de la educación no han dudado en descubrir subyacente en los Ejercicios toda una teoría del aprendizaje. Esta teoría incluiría, entre otros aspectos, el uso de los hemisferios del cerebro, las inteligencias múltiples y el recurso a diversos estilos de aprendizaje. Los Ejercicios no son un tratado de pedagogía, pero ciertamente constituyen una experiencia pedagógica en sí y contienen los elementos de determinada práctica educativa. De manera espontánea e intuitiva, más que sistemática y deliberada, Ignacio tuvo la genialidad de sentar en los Ejercicios las bases que han configurado la PI." (Fuente: Extractos del artículo "Pedagogía Ignaciana" del P. Gabriel Codina S.J. en el Diccionario de Espiritualidad Ignaciana, Mensajero-Sal Terrae, Bilbao-Santander 2007).

Características de la Pedagogía Ignaciana

En 1980, la Compañía de Jesús creó una comisión con el fin de llevar a cabo una amplia consulta y una investigación sobre los rasgos distintivos de la PI. El resultado fue la publicación de las "Características de la Educación de la Compañía de Jesús" (1986). Partiendo de la visión espiritual de Ignacio, el documento fundamenta en ella los trazos típicos de la PI, que compendia en nueve grandes temas, de los que se deriva en 28 características. En redacción que entreteje y sintetiza estas características: 

"La educación de la Compañía es un instrumento apostólico al servicio de la Iglesia y la sociedad, llevado conjuntamente con laicos profesionalmente preparados, en comunidades educativas organizadas internamente con medios, métodos y estructuras y, externamente, a través de una red de escuelas y colegios con finalidades comunes.  Mediante una pedagogía activa en la que el centro del proceso es la persona del alumno, al cual hay que acompañar especialmente pues será el sujeto de su propia formación a lo largo de su vida, se persigue su excelencia humana y no sólo intelectual y la realización personal de sí mismo. Para ello, pretende la formación integral, o sea, su preparación para la vida y compromiso activo con ella, lo cual implica el conocimiento y afirmación de la realidad del mundo, es decir: formación religiosa y en valores, en diálogo con la ciencia y la cultura, que propone a Cristo como modelo, proporciona atención pastoral, celebra la fe personal y comunitariamente, invita a una participación activa en la Iglesia y da testimonio de vida, y formación sociopolítica que sea expresión de una fe que realiza la justicia: hombres y mujeres de servicio para los demás y con los demás, con una preocupación particular por los pobres" (Fuente: Extracto del artículo del P. José Leonardo Rincón S.J. "El perfil del estudiante que queremos formar en una institución educativa ignaciana", 2003).

SU PRÁCTICA 


El Paradigma Pedagógico Ignaciano (PPI)

Las Características constituyen un documento abierto, susceptible de nuevos aportes, que debe adaptarse a la realidad de cada lugar. Pero ¿cómo incorporar los principios ignacianos a la práctica pedagógica del aula? En 1993, la Compañía de Jesús publicó un nuevo documento: “Pedagogía Ignaciana. Un planteamiento práctico”, en que se presenta un “paradigma” o modelo pedagógico para la aplicación de la visión ignaciana al proceso enseñanza-aprendizaje. Este paradigma no implica una metodología pedagógica sobreañadida a los planes de estudio oficiales de los distintos países, sino simplemente un nuevo enfoque, un cierto “modo de proceder”, compatible con otros sistemas. Esquemáticamente, el paradigma plantea cinco pasos en constante interacción:

1.     El “contexto” en que se sitúa el estudiante y en que se desarrolla el proceso.

2.     La “experiencia”, que lleva a un acercamiento cognoscitivo, afectivo y global a la realidad.

3.     La “reflexión”, que permite captar críticamente el significado profundo de cuanto se ha experimentado y prepara la toma de decisiones.

4.     La “acción”, o manifestación externa de la experiencia reflexionada, expresada en opciones, conductas y actuaciones coherentes.

5.     La “evaluación” permanente de todo el proceso.

El Paradigma Pedagógico Ignaciano (PPI) ha acuñado en pocas palabras el perfil de personas que se pretende formar: personas competentes, conscientes, compasivas con los necesitados, comprometidas con el cambio.

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