CONCLUSIONES - PEDAGOGÍA IGNACIANA
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La propuesta de la Pedagogía Ignaciana tiene
bases sólidas en lo espiritual y grandes aspiraciones en lo intelectual. El
mismo método de los Ejercicios Espirituales de Ignacio de Loyola que es su
punto de partida (contexto-vivencia-reflexión) es la clave para su capacidad de
permanecer en el tiempo, actualizada, viva y siempre dispuesta a vivir en
profundidad uno de sus lemas: “ser más para servir mejor”.
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La Pedagogía Ignaciana representa la reflexión
acerca de un gran recorrido de experiencias educativas variadas y enriquecedoras
alrededor del mundo, que llevan siglos formando personas integrales que hacen
la diferencia en el mundo, ya sea en su desempeño profesional, su
comportamiento personal y su núcleo familiar, en suma, ejemplos vivos del lema
que identifica a las instituciones jesuitas: “Entramos para aprender, salimos
para servir”.
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El proceso planteado por el Paradigma
Pedagógico Ignaciano, PPI, representa el nivel más pragmático de la pedagogía
ignaciana y, por lo tanto, facilita su aplicación a nivel 4 microcurricular.
Como parte de la contextualización de esta propuesta, al proceso marcado por el
contexto, experiencia, reflexión, acción y evaluación, se ha integrado un
momento celebrativo, este es un momento en el que “se presentan los logros
alcanzados en el proceso y que merecen ser destacados y ubicados en un lugar de
importancia, salvándolos de la trivialidad cotidiana” (Palacios, 2017, p. 139).
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El Paradigma Pedagógico Ignaciano (PPI)
observa que el humanismo cristiano actual está llamado a destacar el aspecto
social de la misión evangelizadora. Servir a la fe representa necesariamente
hacer promoción de la justicia, la evangelización, especialmente en el
apostolado educativo, está en hacer de cada persona un hombre o una mujer para
los demás.
·· Desde la perspectiva de la pedagogía ignaciana, el arranque del proceso es la experiencia. Esto, aplicado a la situación institu-cional, nos lleva y nos enfrenta al reconocimiento de los problemas. El peor enemigo de un proceso de transformación de nuestros colegios es la autocomplacencia.
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